sábado, 11 de septiembre de 2010

"Familia e Iglesia Católica"

 

 Los obispos colocaron la Familia en la diana de su agresiva ofensiva contra el gobierno, en la precampaña electoral navideña. ¿De qué familia hablamos? Nosotros reconocemos y valoramos la familia en cuanto representa el espacio humano de afectos, sentimientos y solidaridad en sus más íntimas expresiones. La familia para criar y educar a nuestros hijos. La familia como expresión del núcleo humano más importante de la organización social. Todo eso y todo lo que ustedes quieran añadir, es la familia que se forma cuando dos personas deciden vivir juntas y formalizan su compromiso sentimental a través del contrato que lo regula. Ese contrato puede ser de muchas maneras: matrimonio religioso, matrimonio civil, unión libre de parejas de hecho, etc. Para mí, familia son todas. Desde luego los matrimonios religiosos o civiles, pero también, las personas divorciadas que viven juntas, los matrimonios de homosexuales, las madres solteras con su descendencia, los padres o madres separados que tienen la custodia de sus hijos, etc. Yo no distingo ni discrimino a la familia en función de esta u otras circunstancias. ¿Habla la Iglesia de todas ellas? ¿Acepta la Iglesia española la existencia de todas esas familias creadas como ejercicio del derecho de las personas a compartir sus sentimientos y buscar la felicidad junto a la persona amada?

         Conviene examinar algunas estadísticas que nos muestran la radiografía plural de las familias españolas. Empecemos por recordar que en España ya hay más parejas que se casan por el juzgado que por la Iglesia. Por cada tres matrimonios que se celebran cada año, se producen dos divorcios, siendo 16 años la duración media de los enlaces rotos. Por cierto, desde que se aprobó la agilización del divorcio en 2005, el mal llamado “divorcio express”, el número de divorcios se ha multiplicado por cuatro. Pero, atención, eso no quiere decir que haya más rupturas matrimoniales sino que estas se formalizan mediante una ley más ágil y facilitadora de la voluntad de los cónyuges. Lo que ocurría antes eran separaciones matrimoniales mucho más caras y engorrosas. De hecho, con la nueva ley, el divorcio representa el 87% de las rupturas matrimoniales y antes no llegaba al 40%.Una de cada cuatro madres españolas, es soltera. En cifras totales, 124.000 mujeres que en 2005 dieron a luz de las 466.400 que lo hicieron ese año, no estaban casadas. En Cataluña ese porcentaje asciende al 30%. Y muy cerca nuestro, en Francia, son mayoría los hijos nacidos fuera del matrimonio.

         Cuando la Iglesia española reivindica la familia, ¿qué familia reivindica? ¿El matrimonio religioso y a poder ser con hijos? ¿Dirige la Jerarquía española su pastoral a un tipo exclusivo de familia o es capaz de comprender que una parte enorme de su feligresía se ha divorciado o es madre soltera o es homosexual y también son familias y tienen derecho a no ser excluidos de su grey? ¿Pretende la jerarquía que sólo quepa la Nulidad de los matrimonios religiosos, por cierto sólo posible para quienes puedan pagar procesos carísimos y amañadísimos ante el Tribunal de la Rota? Negarse a aceptar esta realidad social es tan incomprensible como seguir prohibiendo el uso del preservativo frente a la pandemia del SIDA, actitudes anacrónicas, empeñadas en imponer una particular visión del mundo cerrada a toda evidencia, que tanto recuerda a sus antecesores que negaban a Galileo el movimiento de la tierra.

 

         Hay otra cosa que  me indigna. Cuando Rodríguez Zapatero me encargó elaborar el Programa Social del PSOE  para las elecciones pasadas de 2004, la familia fe el eje de todo el programa. Todas las políticas que ha puesto en marcha este gobierno, cumpliendo fielmente por cierto su programa electoral, han tenido como objetivo último las familias españolas. La atención a la dependencia es una medida de protección a la familia de la A a la Z, porque libera a las familias, sobre todo a las mujeres, de una carga incompatible con el trabajo fuera del hogar o porque permite a quienes cuidan a sus mayores, profesionalizar y dignificar su tarea. La atención a los niños de cero a tres años va en la misma dirección. Y ambas medidas van a multiplicar por tres el bajo índice de gasto social en Familias, de nuestro Estado del bienestar, como se sabe, anómalo – por bajo- respecto a Europa en esta asignación del gasto social. La ley contra la violencia de género y la ley de Igualdad de géneros, tienen innumerables medidas, más o menos directas, favorecedoras de la familia, aunque no sea más que para trasladar a las familias, ese elemental principio de igualdad entre mujeres y hombres que debe tener en ellas –en las familias- su principio educativo y de aplicación primordial. El permiso de paternidad que otorga a los hombres 15 días de permiso retribuido (que aumentaremos a cuatro semanas la próxima legislatura) para que acompañen a la madre y al niño esos días y para que se amortigüe el efecto negativo del permiso de maternidad en la carrera profesional de las mujeres (el llamado “efecto Boomerang”). Las medidas de conciliación familia-trabajo introducidas en la Administración española (“Plan Concilia”) y en diversas normas laborales; el aumento del permiso de lactancia ó las facilidades legales para el cuidado de hijos, etc.

Yo me pregunto,  ¿todas esas medidas favorecen a las familias? ¿Aumentan la protección social de las familias españolas?  No he oído una palabra de la Iglesia española estos años sobre estas cosas. ¿Le merecen alguna opinión? ¿Considera la jerarquía católica que ayuda a la maternidad el estímulo económico de nacimiento por hijo y las facilidades para conciliar el trabajo fuera del hogar, con la familia?

El gobierno ha desarrollado una auténtica y notable política para las familias. Una Política Integral y transversal, que ha abarcado leyes importantísimas como las ya citadas de Dependencia, Igualdad, Conciliación, Adopción Internacional, etc., y que se ha plasmado en innumerables medidas de contenido económico ya fuera para mejorar el tratamiento fiscal de las familias, como para aumentar las ayudas a las familias numerosas o en situación de riesgo o de exclusión; ya fuera para mejorar los ingresos mínimos de multitud de hogares con pensiones bajas, como para ayudar a las familias numerosas; ya fuera para impulsar las políticas empresariales “familiarmente responsables”, como para ayudar a las familias monoparentales. Desgraciadamente no hemos contado con el elogio episcopal sobre las políticas públicas que hemos desarrollado en favor de la familia. Ni siquiera el consejo. Sólo un anacrónico, injusto y partidista reproche, construido desde la animadversión de algunos prelados y, desde el desconocimiento de la realidad social española o, lo que es peor, fraguado a espaldas de millones de católicos españoles, mucho más comprometidos con el evangelio que con sus pastores.


Publicado por Jahmil @ 19:26
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